Tendencias e impacto económico

Tradicionalmente se ha prestado poca atención al comercio de servicios, centrando el foco el comercio de manufacturas y de productos agrícolas. Esto es así porque, tradicionalmente, la mayoría de servicios han tenido características que los alejan de ser comercializables internacionalmente:

  • Se consideran actividades de ámbito local, con necesidad de cercanía física: servicios profesionales, distribución comercial, hostelería.
  • Requieren control gubernamental, por su carácter estratégico y/o de monopolio natural: energía, telecomunicaciones, ferrocarril.
  • Requieren control gubernamental, porque afectan a la equidad social: educación, sanidad, otros servicios sociales.
  • Requieren estrecha supervisión regulatoria, por afectar a la estabilidad económica: servicios financieros.

Otros servicios, sin embargo, han estado tradicionalmente abiertos al comercio internacional, al servir de soporte al comercio de mercancías, como son el transporte marítimo o los mercados de capitales.

Finalmente, en las últimas décadas, una serie de cambios regulatorios y tecnológicos han permitido aumentar la cuota de servicios que son comercializables internacionalmente:

  • Por un lado, la transformación digital, que ha acortado distancias, permitiendo el comercio transfronterizo de muchos servicios profesionales e incorporando un componente adicional de servicios en el comercio de mercancías (comercio electrónico).
  • Por otro lado, la liberalización de los monopolios naturales estatales que, separando sus facetas de infraestructura y de comercialización, ha permitido la entrada de nuevos actores en sectores como la energía o las telecomunicaciones.

Evolución reciente

Con los últimos datos comparables disponibles, de 2017, el comercio de servicios representa un 23% del volumen total de comercio. Hay que tener en cuenta que la mayoría del comercio en servicios se presta mediante presencia comercial en el extranjero. Incluyendo este modo de prestación de servicio (no incluido en las estadísticas de comercio exterior), la cuota de servicios en el comercio internacional aumentaría hasta el 43%. Finalmente, si tenemos en cuenta el valor añadido de los servicios sobre el valor del comercio de mercancías, la cuota de servicios en el comercio internacional llega al 50%. Sin embargo, estas cifras aún están alejadas del peso de los servicios en el PIB, que es de alrededor del 70% en economías desarrolladas.

El crecimiento del comercio de servicios (5,4% anual) ha sido mayor que el del comercio de mercancías (4,6%) en la última década (2005 a 2017). El mayor crecimiento (superior al 10% anual) ha sido experimentado por servicios informáticos e investigación y desarrollo. Sin embargo, la distribución comercial y los servicios financieros siguen siendo los servicios con mayor peso en el comercio internacional, con cuotas cercanas al 20% cada uno.

Principales tendencias

Se espera que el comercio en servicios siga creciendo a tasas superiores al de mercancías, lo cual podría aumentar en un 50% su cuota en el comercio internacional en 2040. Una serie de tendencias impactarán en el comercio de servicios en los próximos años:

  • Digitalización: la transformación digital permite el comercio transfronterizo de servicios que antes requerían cercanía física. Esta tendencia está abriendo nuevos sectores al comercio internacional, como son los servicios profesionales, pero también está facilitando el comercio de mercancías a través del comercio electrónico.
  • Cambios demográficos: el proceso de envejecimiento en países desarrollados está provocando una mayor demanda de servicios relacionados con la salud y los cuidados personales, pero también de servicios turísticos, debido a la mayor disponibilidad de tiempo de ocio.
  • Aumento de renta en economías en desarrollo: el cambio estructural en países en desarrollo está incrementando la demanda de servicios a nivel global, debido al mayor acceso a productos y servicios no esenciales.
  • Cambio climático: los cambios en el clima, así como las políticas para enfrentarlos, cambiarán algunos patrones de demanda, reduciendo el consumo de servicios asociados a actividades contaminantes a la vez que aumentando la preferencia por servicios medioambientales.
  • Política comercial: en las últimas décadas ha habido una tendencia hacia la liberalización del comercio en servicios. El renovado auge del proteccionismo en los últimos años ha afectado principalmente al comercio de mercancías, aunque se atisban nuevas restricciones al comercio de servicios, sobretodo en el ámbito de la inversión extranjera, debido al aumento de preocupaciones geoestratégicas.

El comercio de servicios no se ve afectado por las barreras tradicionales de política comercial (aranceles y cuotas), sino por restricciones que afectan a los diferentes regímenes regulatorios nacionales, así como a factores relacionados con la necesidad de proximidad física para prestar un servicio. Al contrario de lo que cabría pensar, los costes asociados al comercio de servicios se estiman en el doble de los asociados al comercio de mercancías, aunque se están reduciendo.

Las principales barreras al comercio en servicios son las siguientes:

Barreras regulatorias: consisten en regulaciones que dificultan el acceso a un mercado de un proveedor extranjero. Pueden ser de iure (límite al porcentaje de capital extranjero en un sector) o de facto (proceso de concesión de licencias que favorece subjetivamente a empresas nacionales). El proceso de liberalización en servicios iniciado a raíz de la firma de GATS ha rebajado estas barreras. Cabe mencionar el índice STRI de la OCDE, que cuantifica el nivel de restricción regulatoria al comercio existente en cada país.

  • Costes de transacción y de información: incluyen, entre otros, la dificultad de encontrar información sobre compradores y vendedores extranjeros, debido a diferencias culturales, lingüísticas o legales.
  • Calidad de las instituciones: afectan a la facilidad, transparencia o seguridad jurídica de comerciar con un país. Son debidos a la calidad de la regulación o a los niveles de corrupción y de confianza en el estado de derecho.
  • Conectividad: la cobertura telefónica y de internet en un país marcan esta barrera, que cada vez es más importante. Se estima que los servicios que requieren soporte digital para su exportación han más que doblado su volumen de comercio entre 2005 y 2018.
  • Costes de transporte: aunque más relevante en mercancías, los costes de transporte afectan a aquellos servicios que requieren desplazamiento del usuario (turismo) o del proveedor (determinados servicios profesionales).
  • Costes arancelarios: pueden tener un efecto indirecto en servicios, siempre que la prestación transfronteriza de un servicio esté ligada al comercio de mercancías afectadas por aranceles.

Para información más detallada por países, sectores y tipos de barreras, remitimos al Portal de Barreras.

El comercio de servicios promueve un mayor crecimiento económico, mejora la competitividad de las empresas nacionales y puede contribuir a una mayor equidad social, a través de diferentes vías:

  • Asignación más eficiente de recursos: como en el caso del comercio de mercancías, el comercio de servicios promueve la especialización productiva, asignando los factores a aquellos productores más eficientes y permitiendo un mejor aprovechamiento de economías de escala.
  • Impacto de los servicios de infraestructura: una serie de sectores, conocidos como servicios de infraestructura (transporte, distribución de electricidad y agua, telecomunicaciones, finanzas), provocan efectos arrastre sobre la productividad del resto de los sectores de la economía. Una mayor eficiencia de estos servicios gracias a la apertura internacional promueve ganancias de eficiencia en el resto de sectores.
  • Impacto sobre la fuerza laboral: los servicios de educación y salud mejoran las capacidades de la fuerza de trabajo, lo cual tiene también un impacto positivo sobre la productividad del resto de la economía.
  • Aumento de la competitividad empresarial: la mejora de eficiencia derivada del comercio no solo impacta positivamente en la competitividad de empresas de servicios, sino que también tiene un efecto sobre las empresas de manufacturas que usan dichos servicios como insumos en su proceso productivo.
  • Mejora de la equidad social: la menor inversión inicial requerida en servicios permite a pequeñas y medianas empresas competir con agentes de mayor tamaño.